lunes, 20 de abril de 2009

----------

Debo confesarte que he perdido la pasión, y vivir sin pasión resulta doloroso, sobre todo al principio, luego te acostumbras a vivir con ese sabor amargo, dejas de preocuparte por tu falta de esfuerzos, como ocurre siempre que algo dura un tiempo considerable, sencillamente te acostumbras y la mayoría de veces ni siquiera conservas la nostalgia del estado anterior, ahora sólo agradeces no esforzarte en causas inútiles.
Porque ahora no hay causa que valga
Es como cuando no circula sangre por tus piernas y las dejas de sentir, pero aun las puedes mover a tu antojo
Antes habían muchas razones, cualquier cosa podría ser una razón, todo eran razones, razones por ahí volando ¿y quién no se convencía?